Las emociones son respuestas de nuestro cuerpo ante un estímulo externo o interno que provoca en nuestra persona una reacción. Son personales y están relacionadas con las vivencias pasadas de la persona. Existen cinco emociones principales: tristeza, alegría, ira, sorpresa y miedo, no obstante, tiene cabida entre ellas el asco.
Las emociones se desarrollan y mejoran por eso es importante potenciarlas desde los primeros años de vida y adaptándonos a su evolución natural. Así conseguiremos que cuenten con las habilidades necesarias para desenvolverse en el mundo y ser felices, capaces de regular y dirigir sus emociones, y no dejarse llevar por ellas.
Por supuesto, hay que hacerles entender a los niños que todas las emociones son legitimas y que cualquier persona tiene derecho a estar ansioso o enfadado. Pero, de ninguna forma, nos podemos permitir que estas emociones deriven en ningún tipo de violencia.
Esto es muy importante porque una parte importantísima de la violencia que está presente en nuestro entorno y que vemos en la prensa sobre el acoso y la violencia escolar y o social, se activa a partir de la ira que no somos capaces de regular de forma apropiada.
La inteligencia emocional supone contar con una serie de capacidades de la mente para percibir, comprender, expresar y regular emociones. También nos ayuda a identificar y entender las del otro. Toda esta información dirige nuestra conducta y nuestros pensamientos, indicándonos en cada situación cómo debe ser nuestro comportamiento. Asimismo, nos ayuda a tomar decisiones.

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